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miércoles, 9 de febrero de 2011

Reportaje a Irma Boom: fabricante de textos impresos

Irma Boom (Lochem, Holanda, 1960) supo a qué se dedicaría de mayor el día que un profesor entró en la clase con una maleta llena de libros. Estudiaba pintura, pero vio claro que haría libros. El profesor regresó todos los miércoles. Y ella trabajó en la imprenta del Estado para aprender encuadernación. "Era naïve, tenía muchas ideas locas pero me faltaba el conocimiento". Tras cinco años, un volumen sobre sellos le reportó fama. Y montó estudio propio. Hoy asegura que "construye libros", como si fueran edificios. Por eso ha venido a contar su experiencia a los alumnos de arquitectura del Instituto Empresa en un curso que analiza nuevas salidas profesionales para arquitectos del futuro.
Libro diseñado por Irma Boom
En 1995, y tras cuatro años, Boom culminó el encargo de un volumen para el centenario de la asociación holandesa de empresas del carbón SHV que salió de imprenta tres meses después del mítico S,M,L,XL en el que Rem Koolhaas explicaba los ingredientes de la nueva arquitectura. Como el libro de Boom, el de Koolhaas era un "ladrillo". Ambos mezclaban estadísticas con códigos de barras. La diseñadora lamentó la coincidencia, pero Koolhaas aseguró que revelaba "idéntico nivel espiritual". El arquitecto diseñó el logo del estudio de Boom y hoy trabajan juntos.
¿Qué hace que un libro esté bien diseñado? "Que sea específico, ajustado. No se trata de hacer un libro sobre un tema. El asunto es hacer el libro sobre ese tema". Y para eso no basta el contenido. Boom considera que los volúmenes que descuidan el continente

sábado, 29 de enero de 2011

Entrevista: Nicholas Carr autor del libro "Superficiales"

 Esta entrevista efectuada a Nicholas Carr, fue publicado por el diario ElPais (Bárbara Celis - 29.01.2011)
Vivímos en un  mundo distraido.
El correo electrónico parpadea con un mensaje inquietante: "Twitter te echa de menos. ¿No tienes curiosidad por saber las muchas cosas que te estás perdiendo? ¡Vuelve!". Ocurre cuando uno deja de entrar asiduamente en la red social: es una anomalía, no cumplir con la norma no escrita de ser un voraz consumidor de twitters hace saltar las alarmas de la empresa, que en su intento por parecer más y más humana, como la mayoría de las herramientas que pueblan nuestra vida digital, nos habla con una cercanía y una calidez que solo puede o enamorarte o indignarte. Nicholas Carr se ríe al escuchar la preocupación de la periodista ante la llegada de este mensaje a su buzón de correo. "Yo no he parado de recibirlos desde el día que suspendí mis cuentas en Facebook y Twitter. No me salí de estas redes sociales porque no me interesen. Al contrario, creo que son muy prácticas, incluso fascinantes, pero precisamente porque su esencia son los micromensajes lanzados sin pausa, su capacidad de distracción es enorme". Y esa distracción constante a la que nos somete nuestra existencia digital, y que según Carr es inherente a las nuevas tecnologías, es sobre la que este autor que fue director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace