Gao Ping nació en Hang Zhou, la capital de la provincia china de Zhejiang, hace 44 años. Desde que llegó a Madrid en 1989, sintió que España es un palacio para vivir y, ya casado y con tres hijos, no tiene intención de cambiar de domicilio. Dedicado a negocios de importación y exportación, elige un restaurante del centro de la capital en el que la carta resume lo mejor de la cocina asiática, no solamente de la china.
Mientras reparte la ensalada de algas y los entremeses orientales, recuerda que aprendió español en Sevilla porque allí vivía una tía suya, emigrante desde los sesenta, que tenía varios restaurantes. Se ríe recordando el contraste entre lo que había dejado detrás y la alegría desbordante de las calles andaluzas, donde todo el mundo le hablaba y le hacía bromas. Después vino la apertura económica china y supo aprovechar el momento. Su vinculación con el arte contemporáneo viene de hace un par de años. Primero abrió galería en Pekín, en el distrito 798, el gigantesco barrio artístico que ocupa una antigua fábrica de electrodomésticos y armas. Después, también en Pekín, abrió Iberia, un centro de difusión de arte para dar a conocer a artistas españoles y portugueses. Por él han pasado Ouka Lele, José Manuel Ballester y Soledad Sevilla.
Cuando llega el solomillo con pimienta negra de Sichuan, asegura que en su casa, un mínimo de cuatro días







